«Un edificio dura mucho más que el uso inicial para el que es concebido», por lo que debe ser permeable al cambio, y que pase fácilmente de vivienda a oficina o de comercio a escuela. Para hacer esto posible hacen falta, sobre todo dos cosas:Â libertad e inteligencia, y sobran otras muchas, especialmente, las ordenanzas que oprimen los proyectos desde el primer ladrillo hasta el último rodapié en cualquier edificio que levanta, unas normas absolutamente castrantes desde el punto de vista creativo, y culpables de la proliferación masiva de viviendas mal hechas. Continuar Leyendo



















