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Entrevista al arquitecto Adolfo Chávez

Escrito el 18 agosto 2010 por Miriam Guevara

Foto obtenida de Scribd.

Esta es la segunda entrevista correspondiente a la II Maratón Latinoamericana de Arquitectura, en la que participaron, como ponentes, destacados arquitectos brasileños. Para esta ocasión, el equipo de Espacio 24 conversó con el arquitecto peruano Adolfo Chávez. Los dejamos con un extracto de la entrevista.

Adolfo ¿cómo fue tu experiencia en la universidad? ¿Cómo eres de alumno?

Hice  la universidad en 5 años y medio, en esa época era complicado hacerlo porque habían huelgas, paros y otros problemas propios de universidades estatales; sin embargo la FAUAUNI se esforzó bastante, ofrecía cursos de recuperación y coclos de nivelación.

Como alumno fui muy intuitivo, creo que tuve suerte en aprender a hacer arquitectura más o menos rápido en la universidad. Los profesores eran misteriosos, venían y decían “vamos a generar dos espacios con una línea” Y entonces llegaba la entrega y no sabías claramente si lo que habías presentado estaba bien, era observado por todos en una crítica general y empezabas a descubrir, mediante ese método, qué era lo incorrecto o correcto, había una estrategia de sorpresa, de develamiento del misterio, el oficio debía ir descubriéndose solo.

¿Cómo ves a las promociones ahora?

Hay alumnos que avanzan salvando los talleres y eso está mal, los alumnos mediocres en el taller de diseño son un problema porque contagian su rendimiento, en niveles superiores eso se agrava.

Es mejor hacer las correctivas abajo, si los fundamentos no se han aprendido bien y el alumno sigue avanzando vas a tener problemas más adelante, y eso ya no se lo van a poder enseñar, lo vas a tener que descubrir, entonces los tallres tienen que ser más exigentes desde el principio.

¿Cómo funciona tu oficina?

En la oficina somosalrededor de 20 personas, entre arquitectos asociados y dibujantes; asociados son 8 y cada uno de ellos trabaja con un equipo de personas variable en número, dependiendo la cantidad de carga de trabajo. Los asociados son arquitectos que trabajan conmigo el proyecto, tienen un mayor nivel de responsabilidad, y son coautores del mismo.

La permanencia de los asociados es variable, promedia entre 2 a 3 años con algunas excepciones, tras lo cual muchos de ellos deciden iniciar el camino por su cuenta. Esto resulta siempre una pérdida porque no se capitaliza plenamente el conocimiento, aunque a veces pienso que ese hecho también tiene algunos beneficios como el de renovarse continuamente, y reiniciar con fuerza nuevas relaciones laborales.

¿Cómo entiendes a la arquitectura?

Es un silogismo, tienes premisas que son el encargo, las condiciones de sitio, las condiciones del individuo que te encarga, las tuyas como arquitecto, las condiciones de los materiales, siendo todas estas premisas racionales y objetivas. Y por otro lado, hay otras premisas totalmente subjetivas como el prejuicio que uno se forma con solo oir el encargo.

La arquitectura es un oficio como cualquier otro. Tiene un componente creativo muy importante, pero también demanda mucho oficio y experiencia. No pienso que sea una actividad artística porque lo que vas a resolver es un encargo, alguien está demandando un proyecto con detemrinadas características, el mismo que, además, está condicionado por los reglamentos de edificación que restringen tu capacidad de respuesta; bueno pues, en ese momento dejó de ser arte.

Un arquitecto tiene que enfrentar en forma objetiva una demanda para alguien, mientras que un artista produce para él mismo; el día que el artista empiece a producir para el público, entonces dejó de ser artista.

¿Cómo fue tu inicio en las oficinas de arquitectura?

Inicié a trabajar en Cooper Graña Nicolini (CGN) en los años noventa, cuando estaba por terminar la carrera, justo con el Fujishock. Eugenio Nicollini fue primero mi profesor (excelente), y en algún momento, fue más bien mi amigo porque trabajamos juntos durante 7 años.

Él no creía mucho en rollos filosóficos y decía estar orgulloso de haber leído solo un solo libro de arquitectura: Vitrubio. Solía decir que la arquitectura se ve y se toca, no se habla, era muy categórico en sus afirmaciones y una persona con mucho oficio; creo que su enfrentamiento era más por el lado constructivo. Aprendí también de la mano de Frederick Cooper, Antonio Graña y Pepe Bentín.

¿Cómo ves, en general, la arquitectura peruana y su vínculo con la sociedad?

Creo que hay un buen nivel de arquitecto formado académicamente. Lamentablemente no hay una buena conexión entre la sociedad demandante y los arquitectos. Es un tema en el nivel cultural de la población, la gente cree que un arquitecto le va a significar algo caro e innecesario, pues para eso está el ingeniero o el maestro que lo construye.

Por otro lado, el arquitecto no se acerca al cliente, al contrario, este es como un Dios, artista y protagónico que maneja las voluntades y no sabe escuchar, eso también nos separa mucho de la sociedad. La gente en el Perú no ahorra, construye, o mejor dicho, ahorra en la construcción de su casa, la casa es la imagen de cómo va creciendo la familia, cada ingreso extraordinario es una ampliación, cada gratificación un cuarto adicional.

Los arquitectos vamos al margen de esos procesos, estamos orientados a resolver los problemas de otro grupo de demandantes, ni el Estado ni las entidades financieras, como interesadas, promueven la participación profesional en estos procesos de crecimiento, las autoridades permiten la autoconstrucción sin participación profesional, y la ciudad muestra cada vez más desorden.

El colegio de arquitectos no hace nada, salvo premiaciones y concursos, eventos de reconocimiento con brindis, foros y congresos con paño verde y estandartes, pero nada de eso aterriza en hechos concretos.

¿Cuáles son los proyectos donde mejor has desarrollado tus ideas de la arquitectura?

Creo que el Colegio San Pedro, por el plan maestro, los temas constructivos y porque éramos mucho más libres en ese momento al no estar tan prejiciados; además en ese proyecto hubo una confluencia grata con el grupo mandante, lo que permitió un trabajo libre y bien considerado.

Ahora, siendo un proyecto comercial y muy condicionado y muy condicionado, el Plaza Vea de Limatambo. Me gusta Vivanda, en general, aunque creo que pudo haber quedado mucho mejor; el Cineplante Alcázar como proceso del proyecto y como resultado, aunque ahora con el tiempo y el uso, ha ido cambiando, y eso denota fallas en la propuesta.

¿Hacia qué te gustaría llegar en la arquitectura?

Quisiera hacer arquitectura para mí algún día, ser el dueño del encargo, el cliente y el profesional, lo estamos empezando a hacer. Se trata de un primer edificio en Miraflores bajo la gerencia de nosotros, planteamos, enprincipio, un edificio comercial cuya particularidad es la forma en que se agrupan las unidades de vivienda, el planteamiento interno de los mismos módulos y los sistemas de cerramiento hacia las fachadas.

Generalmente, todos los edificios multifamiliares que se hacen son totalmente antisociales, en el que las unidades de vivienda se organizan alrededor de un hall de distribución que es un espacio muerto con 4 puertas. Apuesto por la vecindad del “Chavo del Ocho”, donde todo se organiza alrededor de un patio en el que la gente se encuentre y conviva. El consumidor aún no lo percibe, pero lo va a percibir cuando empiece a vivir la experiencia.

*Cortesía de Espacio 24.

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1 Comments For This Post

  1. Ricardo Morales Says:

    Un gran saludo para Adolfo, mis respeto y admiración por su trabajo. Abrazos. RICARDO MORALES A.

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