Cuando Friedrich Nietzsche caracterizó el âconocimiento trágicoâ como el momento en el que âla lógica se enreda sobre sí misma como una serpiente que se muerde la colaâ, no sólo estaba negando la naturaleza dogmática del conocimiento como producto final del proceso del pensamiento sino que aportaba el más contundente razonamiento per negationem en la historia de la filosofía moderna: el de la imposibilidad de la verdad última, el del carácter inmoral que la pretensión de esa verdad conlleva para el razonamiento humano o, en todo caso, el de la tragedia implícita en el más ínfimo de los anhelos humanos (curiosamente caracterizado con regularidad como âel más grandeâ): el de alcanzar âla verdad últimaâ; la certeza de todo o la certeza, al menos, de lo inmediato.



















